LA AVERSIÓN A RETROCEDER

Imagine que camina por una ciudad desconocida buscando un museo. Lleva 20 minutos caminando y le quedan otros 20 para llegar a su destino. Pregunta a un viandante para asegurarse de que sigue el camino correcto y le dice que desandando una parte de su ruta encontrará un atajo y llegará antes. ¿Volverá sobre sus pasos o avanzará por la ruta inicial aun a costa de tardar más?

Aunque parezca una decisión sencilla, la ciencia dice que la mayoría de las personas no tomarían esa ruta más eficiente.

Esta situación ilustra un fenómeno psicológico conocido como la “aversión a retroceder”, que influye de manera significativa en la toma de decisiones diarias. A menudo, preferimos continuar por el camino ya iniciado, aunque sepamos que existe una alternativa más eficiente, simplemente para evitar la sensación de “deshacer” lo avanzado.

Varios investigadores de la universidad de Berkeley han presentado en la revista Psychological Science este trabajo (https://shorturl.at/3ugqa) con el título “Aversión a retroceder: resistencia a progresar deshaciendo”.

El estudio utilizó escenarios de realidad virtual para observar cómo las personas navegan en entornos simulados. Los participantes se enfrentaban a situaciones donde una ruta más corta requería volver sobre sus pasos.

¿El resultado? Un número importante de participantes evitaba ese atajo, incluso si implicaba caminar más tiempo o recorrer una ruta más compleja. Esta resistencia a “volver atrás”, según los autores, no se debe a una simple confusión espacial, sino a un sesgo cognitivo sistemático.

Los autores sugieren varias posibles explicaciones:

  • Costos hundidos cognitivos: Al retroceder, sentimos que “perdemos” lo ya avanzado, como si desechar una parte del trayecto anterior fuera un fracaso o una pérdida. Esto se relaciona con el conocido sesgo del costo hundido, donde seguimos invirtiendo en decisiones pasadas solo porque ya hemos gastado tiempo o recursos en ellas.
  • Normas sociales implícitas: Retroceder puede percibirse como una señal de error, torpeza o desorientación, y evitamos hacerlo para no parecer perdidos, aunque estemos solos.
  • Procesos automáticos del cerebro: Nuestra mente podría tener atajos evolutivos que privilegian avanzar en línea recta y penalizan los movimientos hacia atrás, como una manera de optimizar la búsqueda de objetivos.

Este tipo de sesgo no solo se aplica a caminatas o decisiones físicas, también se traslada a otros contextos como la toma de decisiones profesionales, la innovación en el aprendizaje e incluso, las relaciones personales tóxicas. Reconocer la aversión a retroceder como una limitación puede ayudarnos a tomar decisiones más racionales, especialmente en momentos donde dar un paso atrás es en realidad un salto hacia adelante.

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